domingo, 19 de junio de 2011

narrativa de un demente V

Reciclado
vidas diversas
Uno, cuando nace, crea ciertas expectativas.
Yo, como todos,no elegí el lugar del arraigo, simplemente, ahí cayó mi semilla y ahí,germinó. Crecí fuerte, robusto, frondoso. Acogí numerosos nidos, serví de atalaya para cientos de predadores, oculté a miles de víctimas, pero un día, una sierra mecánica sesgó mi "primera" vida. El lugar elegido por el viento para depositar mi germen coincidía con el sitio exacto que ocuparía una salita de uno de los     chalecitos adosados que un afamado constructor iba a edificar.
Uno, cuando muere, crea ciertas expectativas.
Yo, como todos, no quería acabar en el fuego purificador, por mucho que aquello sirviera para calentar una humilde morada o para asar un riquísimo chuletón.
Yo, a diferencia de todos, soñaba con convertirme en papel. Serviría para albergar románticas cartas de amores adolescentes, ilusionantes manifiestos utópicos en pro de la libertad, páginas poéticas de magníficos libros...¡soñaba! no quería ni plantearme que siendo papel, también podrían utilizarme
como notificación de despedido, multa de tráfico o página necrológica de cualquier diario, aunque, si fuera así... siempre me quedaría el reciclaje.
Convertido en esta nueva materia, esperé, no mucho, en unas naves inmensas mi nuevo destino, por fin, una mañana me subieron en un camión para llevarme  a una imprenta. Era época de elecciones.
¡No quería ser cartel! No me atraía la idea de llevar estampado la foto de un "menda" que pedía la confianza de los votantes basándose en su honradez y luego resultara ser un "jeta" , de los que abundan en ese ecosistema.Tuve suerte, o eso pensé, me convirtieron en papeleta de votación. Ahora, en mí, alguien iba a depositar sus esperanzas, o sus sueños, o tal vez, sus convicciones. Yo iba a ser  el vínculo material entre el ciudadano, en singular, y su representante democrático. ¿Pero? como soy mucho de pensar, me asaltó a la mente ¿ Y si soy una papeleta de los partidos mayoritarios? Solo seré uno más entre la manada ¿Y si me convierto en un pasaporte para la traición? Quiero decir, soy uno de esos pocos votos que aupan al "jeta" del cartel para convertirse en bisagra de cualquier gobierno, beneficiándose solo él mismo. ¡Porqué coño pensaré tanto!
Ahora en la urna, espero con impaciencia el reciclado, con un poco de suerte, acabaré convertido en papel higiénico, y como todos pensais: hasta arriba de mierda.

simón teNplas


jueves, 28 de abril de 2011

narrativa de un demente IV

El animal más estúpido
Recuerdos de una roca

Un dicho humano cuenta que es él, el único ser vivo sobre la faz del planeta capaz de tropezar con la misma piedra. Yo, una enorme roca granítica, certifico que no solo tropieza, ¡la embiste!
Me llegan rumores de gotas del mar convertidas en dulce agua de lluvia, dimes y diretes de partículas de arena, cuentos y chascarrillos de piedrecillas... bien por aire, tal vez por agua... Asimilo, escucho... por decirlo de alguna forma, ya que como roca tampoco poseo orejas, pero para quien las tenga, ahí queda.
Digo que conozco lo que ocurre en nuestra tierra, y me parece tan tonto y sin sentido, que después de mis seis o siete mil años, no estoy muy puesta en mi edad, me atrevo a pronosticar como acabará esto, razonemos, como dicen ellos. (los humanos)
Crack general de los mercados, se viene abajo el sistema económico de múltiples países, conflictos bélicos en regiones estratégicas, exacerbado extremismo nacionalista o religioso.
Vuelvo a recurrir a sus dichos famosos "Blanco y en botella..."
Creo que alguno de sus más letrados representantes (de los humanos) ya lo dijo, no recuerdo quien ¡soy una piedra! pero vino a decir algo así como: "La única manera de salir de una crisis mundial es hacer una guerra mundial" Siento ser tan pesimista, pero yo no tengo sentimientos, ¡soy una roca!, pero... observo un mundo gobernado, que no dominado, por políticos, casta humana a todas luces excesiva, sobre todo tras los escandalos por corrucción, unos demostrados, otros archivados y otros... escandalos, al fin y al cabo, más la conocida falta de solidaridad de muchos de ellos, lease eurodiputados. ¿Alguien puede confiar en una solución diplomática?
Bueno, yo soy una roca, una piedra grande que a lo más que aspira es a no convertirse en parte de algún sepulcro nuclear que tengan que tapar este estúpido animal llamado hombre.

simón teNplas

jueves, 7 de abril de 2011

narrativa de un demente III

yo, reo de culpa

pobrecitos banqueros ¡que solos que están!

Quizás estemos hablando de hace seis o siete años ¡bueno que coño!
Más datos: ¡seis años, siete meses y diecinueve días! No digo las horas de milagro, pero juro que las cuento.
Esa mañana acudí con mi mujer a un banco, cualquiera, me había ofrecido por correo y dirigido, concretamente y sin ningún tipo de duda, a mi persona, ya que tuvieron que molestarse en conocer mi nombre, apellidos y dirección exacta ¡Yo no se lo había dado!
En fin, me obsequiaban con una magnifica oportunidad.
El texto, más o menos, decía así:
Estimado amigo:
Nos es muy grato comunicarle que ponemos a su disposición todos los recursos de este, su banco.
Si domicilia su nómina con nosotros, entre otras muchas ventajas, tendrá acceso especial a nuestros productos: tarjetas sin coste, créditos especiales e hipotecas a su medida, etcétera, etcétera.
Supongo que miles de personas leyeron en su momento algo parecido y quiero creer que no solo yo pensé de esta manera:
« Si solo con una nómina me ofrecen la luna, con la mía y la de mi mujer me darán el cielo»
Allí fuimos mi señora y yo, ¡más listos que un conejo! con dos nóminas y toda nuestra ilusión en un pisito muy majo en el que llevábamos alquilados cuatro años y lo teníamos bastante aparente...
Creo que en nuestra vida nos habían tratado mejor, después de hablar con el personal bancario, es así como les gusta que les llamen, salimos del banco como dos potentados.
No solo podíamos aspirar a comprar ese piso, con dos nóminas y dos contratos a tiempo indefinido éramos casi, casi... los primos del rey Midas.
El director de la sucursal, amabilísimo, nos expuso todas las oportunidades que teníamos, allí, no solo estaban para hacer negocio, que también, además, nos explicó que la banca había cambiado para bien, ahora no solo prestaban dinero, también asesoraban como usarlo y abrían los ojos a clientes, que como nosotros, éramos la verdadera fuerza y motivo de su negocio.
Aquel hombre, ante nuestros ojos, era un mago.
Domiciliamos nuestras nóminas, ¡nos regalaron un televisor y un teléfono móvil! y nos habló maravillas de una promoción de chalecitos que el banco avalaba, no eran nada caros según se iban a poner de precio nada más entregar la primera fase.
¡Vimos hasta los planos! Ochenta y siete metros en dos plantas, cochera y jardincito y ¡Ojo! posibilidad, una vez que pasara la revisión, de construir la parte de arriba.
- En la situación vuestra, ni me lo pensaba.- aquel hombre estaba seguro.- Por el dinero no hay excusa, la hipoteca cubre lo que tenga que cubrir, pensarlo y ya me decís algo.
Este caballero nos acompañó a la salida, nos estrechó la mano y llamándonos por nuestro nombre de pila nos dijo:
- Bea...Román... espero noticias vuestras pronto... ¡solo quedan tres!- se refería a los chalecitos.
En cuatro días firmamos los papeles y la propiedad era nuestra ¡Y un «güevo»»!
Fueron pasando los meses y realmente, el recibo no suponía ningún lastre para nuestra economía, nosotros éramos propietarios, el banco cobraba su dinero ¡todos felices!
Una mañana se empezaron a torcer las cosas, Bea acudió a trabajar y nada más llegar la comunicaron que pasase por dirección. Lo que imaginas:
«Sentimos tomar esta decisión, con usted especialmente, pero la empresa debe prescindir, por el momento, de sus servicios»
La quedaba un paro majo y recibió una gratificación potable
Ella se lo tomó peor que yo, es mujer ¡es más lista!
Discutimos, gran parte de la noche, sobre nuestra nueva situación financiera, Bea defendía reducir las cuotas con la entrega de su indemnización al banco, mermando así el crédito. Yo la rebatía, haciéndola ver la cantidad de meses de paro que la quedaban por cobrar, ¡malo será que en ese tiempo no encuentres otra cosa!
Nerviosos, optamos por explicar las circunstancias a nuestro consejero y amigo del banco.
Siempre amable, apenas nos hizo esperar unos minutos, nos recibió en su despacho con la mejor de sus sonrisas.
Los dos discutíamos nuestras teorías cuando Julián, que así se llamaba, terció:
- Mira Román, no quiero que me malinterpretes, la situación económica vuestra ha cambiado, no es preocupante, pero, ha cambiado.
Nosotros enmudecimos ante el cariz que estaba tomando la conversación.
El señor director nos miraba seriamente, notábamos perfectamente que se estaba devanando los sesos buscando la mejor solución para nuestro caso. Pasaron pocos minutos, los dientes de nuestro amigo se abrieron en una sonrisa franca y con papel y bolígrafo nos explicó los pasos a seguir.
- Mirar, tenéis razón los dos, Bea con bajar las cuotas y tu, Román, con no desaprovechar el efectivo recibido. Y sobre todo Román, lleva razón en que no te menosprecies como profesional, Bea, ¡vas a encontrar trabajo seguro!
Una semana después la magia estaba obrada.
Entregamos el dinero al banco, como quería mi mujer, compramos un coche nuevo aprovechando el efectivo, como quería yo, y reducimos las cuotas ampliando el plazo de devolución.
¡Anda que no fuimos hábiles!
Seguimos con nuestra casa en propiedad, estrenamos coche, y aún, encima, bajamos el importe de las cuotas de la hipoteca. ¿Como no entrarías antes en nuestras vidas, señor director?
Ese día, Bea y yo, nos dimos cuenta lo importante de estar bien asesorados, de contar con un amigo que supiera el terreno que pisaba.
Sesenta y seis días después me quedo sin trabajo, el empresario no puede hacer frente a sus deudas y monta un pollo para retrasar todo lo retrasable la situación. Yo me quedo sin ingresos, sin indemnización y sin mi gran amigo el bancario.
Al principio siempre encontraba alguna excusa creíble para no atendernos y nos dejaba en manos de algún compañero, tan profesional como él, tan amable como él, pero, infinitamente más serio que él. Poco a poco, las cuotas se iban retrasando, pagábamos como podíamos, pero el tiempo y la deuda nos iba comiendo terreno, el afán de nuestro nuevo asesor era que el retraso de nuestros pagos no llegara a sesenta días, si esto ocurría, nos afirmaba, el asunto ya no dependía de él, pasando al departamento jurídico ¡Solo la palabra «acojona»! En un mes, pasó.
Montones de cartas, llamadas de teléfono, certificados advirtiéndonos de nuestro ingreso en las listas de morosidad.
Como nos era materialmente imposible mantenernos en los plazos, a pesar de pagar, a mayores de las cuotas: gastos, correos, demoras... el señor director reapareció, encontró una, nueva, solución. Un día me llamó por teléfono y seriamente, nos citó en su despacho.
El hombre que nos recibió solo se parecía al anterior externamente, serio, distante, frío, eso si, amable. Se dirigió a nosotros como un párroco dice la homilía:
- He estudiado vuestro caso y creo que la mejor solución que tenéis para conservar la casa es sanear los números rojos, llevamos varios meses retrasando las cuotas y, desde arriba me piden soluciones.
- Julián.- le tuteé, tratando de tocarle la fibra sensible.- Sabes que hacemos lo que podemos, vamos retrasados con los pagos, pero mes tras mes te quitamos una, conoces nuestra situación.
- Si yo lo se, pero ahí arriba a ellos les da igual, solo miran números, y los vuestros son muy malos.-Calló y volvió con la artillería pesada.- Si no les quitamos, en el plazo de diez días el descubierto, yo no puedo parar el expediente. ¡No depende de mí!
Mi mujer, con el brillo de las lágrimas asomándose a los ojos, balbuceo:
- ¿Que hacemos?
El perfecto profesional bancario encontró la respuesta. El tono de voz pareció ahora más cómplice.
- ¡La tarjeta de crédito! ¿Podíamos cargar el descubierto en ella? Dejaríamos las cuentas saneadas y con lo que ahorráis de moras, poco a poco, abonáis el gasto de la tarjeta.
Se nos abrió el cielo. De nuevo aquel hombre dio con la tecla.
Han pasado unos dos años de aquella solución, tanto Bea como yo, seguimos sin trabajo, vamos tirando como podemos, A mi mujer se la terminó el subsidio justo cuando empecé a cobrar yo el mío.
Ahora estamos un poco más tranquilos porque hemos podido bajar las fechas de morosidad gracias a lo que me han dado de mi despido, según entró ¡salió!
Conservamos la casa, aunque ya no la consideramos propia, sino un inmueble por el que tendremos que pagar, durante treinta años, una renta con intereses al banco ¡una vida!
Seguimos estando en las listas de morosos, nos siguen llamando día si, día también por teléfono, reclamándonos algo que les estamos devolviendo ¡mal! ¡Tarde! pero... devolviéndolo.
- La crisis no es igual para todos.
 Trató de consolarme el camarero del bar.
Levanté los ojos vidriosos, producidos por el vapor interno de los cuatro copazos que me había tomado, miré el reloj, apenas veía las agujas.
- Son la cinco de la mañana, yo voy a cerrar y usted se va a su casa, mejor, espere que lo llevo, que no está para conducir.
Me resultó conocida la voz, de nuevo, levanté la mirada.
- Si, soy yo, Julián, el pelele de director que llegó a creer que un día heredaría el banco. Por la crisis perdí el trabajo y encima me dejó mi mujer. Va para tres meses que trabajo aquí y doy gracias.
Me entraron unas ganas enormes de «hostiarlo» y sin embargo empecé a reír, como si nunca me hubiera reído, como si me fuera la vida en ello.
Julián me miró, derrotado acertó a decir:
- Nunca hubiera imaginado la situación, yo nunca...
Paré de reír, sujeté con las palmas de mis manos su cara y le dije:
- ¿No lo ves? Ahora los dos somos banqueros ¡Pelamos pipas en un banco de la plaza mayor!-ja, ja,
Ja, ja, ja.- Mal de muchos, consuelo de gilipollas.
 Salí del bar partiéndome de risa, llame un taxi ¡Hoy merecía la pena 
 
 
simón teNplas


sábado, 2 de abril de 2011

narrativa de un demente II

"el liquidador"
héroes para olvidar

Las olas del océano rompen sobre la playa hoy igual que hace cincuenta años, el aire fresco parece libre ya del ponzoñoso olor a cadáver
Rinde pleitesía el astro rey, brilla sobre su hijo predilecto: el Imperio del Sol Naciente.
Hoy se cumple medio siglo del enorme tortazo de la naturaleza al pueblo japonés.
Cincuenta años después, estremecen las cifras: miles de personas muertas, miles desaparecidas, miles desplazadas.
Aterrorizan los números pero ya,  cincuenta años después, son solo eso, números.
Cinco décadas no borran las grandes listas luctuosas, pero alejan del recuerdo común el dolor singular, la herida cruel sin cicatriz de cada una de aquellas familias, hoy, como entonces, llevan en sus corazones las huellas del siniestro cataclismo.
Cientos de miles de flores jalonan la costa de la isla, millones de lamparillas, con sus diminutas llamas, iluminan el país conmemorando a las víctimas.
Políticos de todas las ideologías ensalzan el valor, el mérito, el trabajo del pueblo nipón.
Presidentes, dignatarios, todo tipo de personas relevantes, nacionales y extranjeras, elogian el sacrificio, el tesón. Prometen usar como ejemplo, en sus respectivos ámbitos, el afán de superación de una nación renacida, imitar, en lo posible, lo que ellos llaman, el segundo milagro japonés.
Y yo aquí, en espíritu, desde el balcón de Hades, desde los recuerdos y evocaciones de mis amigos, donde aún sigo vivo. Observo recortada la silueta de mi país frenando el ímpetu del océano que algún estúpido o desinformado llamó Pacifico, pienso que algo tuve que ver con este milagro post holocausto.
Ahora tengo tiempo, miro, medito, pienso… que hubiera sido de mi vida… si la hubiera vivido…
Los muertos del terremoto, los del tsunami, fueron sorprendidos, cazados por el azar.
Violentos espasmos sacudiendo los edificios, cataratas de cascotes precipitándose en pos de vidas, agua… agua densa que te anega, que te ahoga comenzando por los ojos… empezando por la mirada. ¡Horrible!
Lo mío sin embargo, fue poco a poco, sabía que cada minuto me infiltraba más en mi propia muerte, que cada segundo encogía mis esperanzas de sobrevivir.
Por fin llega la noche, iluminada con velas toda la costa recuerda a sus muertos, todo Japón brilla…
Excepto un gran punto negro de hormigón, oscuro, vacío, tóxico, sin vida…Fukushima
¡Ahí estamos!
Los “liquidadores”, los nuevos samuráis.
Ocultos tras una placa que recuerda nuestro heroísmo, tapados por el olvido interesado y la vergüenza del fracaso nuclear.
La vida sigue. Aprendamos de nuestros errores.
¡Ánimo Japón!


simón teNplas

jueves, 31 de marzo de 2011

Narrativa de un demente

libia                                                  
dolor de mil conciencias

La lluvia empapaba la camisa blanca de la niña, ajustando el peso del agua la tela sobre su cuerpo naciente, huía sin saber si la dirección era la correcta, escapaba del holocausto de fuego y pólvora provocada por las bombas, encaminándose hacia otro laboratorio del sacrificio, dirigiéndose a la zona que llamaban de la esperanza, ¡esperanza!
¿Anhelo de quien?
La  cara confundía lágrimas y lluvia, el alma equivocaba miedo y odio.
¿Dónde estaba su familia?
¿Sus hermanos?
La última mirada que vio fue la de su madre:
-         ¡Cuida del pequeño! ¡cuida del pequeño!
Escuchó estas palabras a voces, mezcladas con gritos de dolor, fundidas miles de peticiones, miles de súplicas y socorros, más aún, no estaba segura si era la voz de su madre o simplemente lo imaginó.
Lloraba, estaba sola, perdida y su conciencia la demandada cuidados para otros, cuidados para los cientos de pares de ojos como los de su pequeño hermano, como los de su madre, como los de cualquiera de aquellos que huían a su alrededor…
-         ¡Ayúdanos!
Parecía oír, creía escuchar los gritos sordos de todos ellos.
Frente a ella, como una quimera, vio a su hermano el grande.
La boca acomodó algo parecido a una sonrisa:
“Estaba a salvo, él sabría que hacer, por algo era el mayor ¡ya tenía ocho añazos!”
Corrió a sus brazos, ambos se abrazaron y lloraron.
-         ¡Vamos!.-dijo el hermano.
-         ¿Adonde?- contestó la niña.
-         ¿Tienes alguna preferencia? ¡corre! Dame la mano y aléjate del fuego. Vamos donde nos dejen vivir…
-         ¿Por qué nos disparan?
-         No es a nosotros, se disparan entre ellos.- el crío repitió lo que oyó a otro antes.-
-         ¡Y como son tan tontos! Nos están matando a nosotros.
Replicó sin comprender la niña.-
-         ¡Qué no, qué no! ¿No ves que nos están protegiendo?

simón teNplas